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Decimotercer asedio a Gibraltar

El decimotercer asedio a Gibraltar, el asedio de 1727.

Felipe V en su empeño por conquistar Gibraltar, a finales de 1726 y en el marco de la guerra anglo-española, inició un proceso de evaluación militar sobre la posibilidad de conquistar la ansiada plaza. Las entrevistas que el  rey  mantuvo con la mayoría de los militares que se encontró, desaconsejaban el intento, teniendo en cuenta que se trataría de un sitio con ataques exclusivamente terrestres por no disponer de una potente Armada. Entre estos militares entrevistados, se encontraban personajes tan relevantes como el ingeniero Jorge Próspero Verboom o el marqués de Villadarías. La toma de decisiones concluyó cuando Cristobal  Moscoso, conde de las Torres, le aseguró al rey que podría tomar el territorio ocupado en seis semanas. Aceptando el rey esta propuesta, el 30 de enero de 1727 el conde de las Torres acampó en el istmo  sin declaración de guerra y con el objetivo de preparar el escenario bélico.

El día 21 de febrero se comenzó a construir una batería próxima a la torre del Molino, lo que generó la protesta amenazante del gobernador de Gibraltar, Jasper Clayton, recibiendo una contestación desafiante del conde de las Torres. Al día siguiente el gobernador retiró a sus soldados de la torres del Molino y del Diablo que habían sido ocupadas violando el Tratado de Utrech, para inmediatamente abrir fuego de cañón contra las tropas y trabajadores españoles. De este modo comenzó el decimotercer asedio a Gibraltar, aunque no hubo declaración de guerra hasta varias semanas después.

Con disponibilidad de soldados, pero sin los pertrechos ni bastimentos necesarios, comenzaron al día siguiente unos infructuosos ataques españoles con el avance de las tropas hasta la pared norte del peñón, siendo duramente castigados con fuego de mortero; fusilería y peñascos desde la cumbre; disparos de cañón desde cinco navíos emplazados en las costas de Levante y Poniente y por último, el fuego  cruzado de la batería del muelle viejo. La jornada concluyó con diecinueve hombres muertos y cuarenta y cinco heridos. Estas fueron las primeras víctimas de un asedio, que desde su planteamiento estaba abocado a un profundo fracaso.

En este escenario cobra especial relevancia la presencia del cuerpo de ingenieros, que prestaban sus servicios como militares, pero carecían de una importante falta de reconocimiento en cuanto a la equiparación efectiva con el resto de compañeros de otras armas. Resalta la figura del ingeniero general Jorge Próspero Verboom, un profundo conocedor de las fortificaciones enemigas y al que el conde de las Torres rechazó un interesante proyecto de ataque a la plaza desde el sur, al encontrarse esta zona menos protegida. Fueron tan continuos los desencuentros entre ambos, que Próspero Verboom abandonó el campo de batalla en mayo de 1727, siendo sustituido por el ingeniero jefe Antonio Montiagú de la Perillé. El nuevo ingeniero también mantuvo airosas desavenencias  con el conde de las Torres, hasta el punto que éste ordenó su arresto y traslado al fuerte de Santa Catalina (Cádiz), bajo una disparatada acusación de ser el fomentador de un supuesto motín.

Por motivos políticos y comerciales, Felipe V se vio obligado a firmar la paz. De esta manera, el 24 de junio se reunieron en San Roque el conde de las Torres con lord Portmore, gobernador de la plaza de Gibraltar, para formalizar la suspensión del fuego. El cerco español no se levantó en esas fechas, pues Felipe V tras la muerte de Jorge I trece días antes, esperaba que se rompiera la alianza entre Francia e Inglaterra para retomar el asedio. Una vez proclamada la suspensión de las armas, los enfrentamientos continuaron. La reparación de la batería de Tessé, cerca de la desembocadura del río Cachón, provocó que el almirante Wager siguiera el hostigamiento con sus barcos.

En estos días, el cuerpo de ingenieros concluyó la construcción de la línea defensiva de la banqueta como testigo de la guerra, junto al tunel inacabado construido en el peñón para volar la batería de Santa Ana, trincheras, diversas baterías o el embarcadero de levante.

La retirada del sitio se fue llevando a cabo paulatinamente hasta dejar guarnición suficiente para detener una posible ocupación del territorio español. El 6 de marzo de 1728 se firmó la paz en Tratado de El Pardo.

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