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I Guerra Carlista: facciosos y cristinos en la Línea

Tras la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, le sigue en la herencia al trono su hija Isabel. Al tener casi 3 años de edad y no poder gobernar, se convierte en reina regente su madre, María Cristina, esposa del rey difunto.

El hermano de Fernando VII, el infante Carlos María Isidro, apoyándose en la obsoleta Ley Sálica, consideraba su posición prioritaria en la línea sucesoria a la corona, desconsiderando el derecho legítimo de su sobrina Isabel.

De esta manera comenzó en España un conflicto bélico conocido como la I Guerra Carlista, que concluyó en 1839, aunque los enfrentamientos se prolongaron hasta 1840. El infante Carlos María Isidro, dispuesto a arrebatar el trono, comenzó rápidamente a movilizar a sus partidarios para derrotar militarmente a las tropas de la reina regente.

mapa primera guerra carlista 1833 1840Gibraltar, al ser territorio extranjero, era buen lugar para el refugio y planificación de sublevaciones en España. Recordemos uno de otros tantos casos que así sucedió, como fue el ocurrido cinco años antes, en 1831, cuando los liberales al mando de José Mª Torrijos ocuparon militarmente el istmo desde Gibraltar, como inicio de una sublevación contra Fernando VII que fracasó. El entorno geográfico de Gibraltar se convirtió en un “punto caliente”, donde se registraban continuamente detenciones, ocultaciones de personas, contrabando, registros, solicitudes de refugio político… Dentro de la multitud de sucesos ocurridos en esta guerra, destacamos el sucedido en noviembre de 1836 en el Campo de Gibraltar, que es el que detallamos en este artículo.

Mientras el día 19 de noviembre de 1836, una expedición de tropas carlistas, salía de Ronda en dirección a Gibraltar, el comandante del Campo de Gibraltar encargaba al capitán de navío Fernando Muñoz, la misión de “contener a todo trance la Línea de Gibraltar contra los facciosos, conservar la isla Verde y proteger la plaza de Tarifa”. Las fuerzas navales con las que contaba eran las existentes en la Bahía de Algeciras, que se componían de las barcas “Neptuno” y “Aníbal”, que montaban dos piezas de 18 y 12 junto a dos carronadas de a 12. La madrugada del 20 se presentó procedente de Cádiz el “San Fernando”; la barca “Lince”, de artillería igual que las anteriores y los faluchos “Relámpago” y “Lince pequeño”, con artillería de a 8. Según las diferentes fuentes consultadas, la lista de embarcaciones que participaron en los hechos varía, siendo ligeramente más numerosa que las nombradas y de similares características.

El día 21, las tropas rebeldes cruzaban el rio Guadiaro tomando dirección a San Roque. Ante este avance y tomando una decisión conservadora, las tropas cristinas, al mando del brigadier Antonio Ordoñez, se replegaron hacia los arenales del istmo buscando la protección de los cañones del peñón. Ese mismo día, el general Miguel Gómez y Damas, al frente de las tropas carlistas, también se adentró en las arenas del istmo, con la intención de entrar en Gibraltar y abastecerse de víveres y zapatos. El gobernador de la colonia, por la alianza firmada entre Inglaterra y el gobierno español, advirtió a Gómez que dispararía sus cañones si se acercaban a la roca. Como respuesta, las tropas carlistas, haciendo evidente su presencia y orgullo se dirigieron a la playa del poniente linense y tomaron el camino de Algeciras a modo de marcha triunfal. En las horas que las huestes carlistas estuvieron en la Línea de Gibraltar, fue visitada por grupos de gibraltareños, que movidos por la curiosidad e intrigados por la valerosa fama que precedía a los soldados, les compraban pequeños objetos como recuerdo.

Con alguna pequeña contradicción sin relevancia entre estudiosos del tema y prensa de la época, entendemos que acampados los carlistas en las Pedreras, en Sierra Carbonera, en la madrugada del día 22 fueron cañoneados por los navíos posicionados a ambos lados de la derruida línea de contravalación y la Bahía de Algeciras. Las escampavías “Limeña” y “Fandango” fueron las primeras en abrir fuego, seguidos por el “Lince” y el “San Fernando”.

Gómez se puso en marcha abandonando la cara sur de Sierra Carbonera. Una de sus divisiones se quedó en San Roque para asegurarse de que las tropas cristinas de Ordoñez se quedaban acantonadas en el istmo. Mientras tanto, la otra división puso rumbo a Algeciras.

Al cruzar el río Guadarranque y seguir camino del río Palmones, Fernando Muñoz solicitó la intervención del bergantín inglés “Chasseur” y la corbeta portuguesa “Elisa”, que armaban artillería más pesada que la que montaban en los navíos españoles. Embarcando en el “Chasseur”, sirvió de práctico para navegar entre los bancos de arena de la desembocadura del río Palmones, lugar donde se iba a producir el ataque. Una vez tomadas posiciones, los barcos aliados junto al “Fandango” y “Limeño” abrieron fuego continuo causando la muerte a un capitán de las tropas sublevadas.

Los facciosos entraron en Algeciras sin encontrar resistencia. Gómez se limitó a tramitar con el cónsul de Francia el asilo político en Gibraltar de dos miembros pertenecientes a la Junta Revolucionaria Carlista de Córdoba: Laval y Frías Calderón. Éstos, de avanzada edad, fueron detenidos el día 23, a bordo de una balandra inglesa rumbo a la plaza de Gibraltar y a los que se les incautaron seis cubiertos de plata.

Cuando todos pensaban que Gómez se dirigía a Tarifa, llegaron noticias de que los facciosos se encaminaban hacia Alcalá para seguir rumbo al norte, hasta llegar a Orduña (Vizcaya). Gibraltar siguió siendo un lugar predilecto por los facciosos para intentar desestabilizar la monarquía española durante el resto de la guerra.

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